Viernes, 25 de Mayo, 2012
05 de Febrero 2010
Voz Democrática
Viernes, 05 Febrero, 2010

Legitimidad en las leyes e instituciones


"Las leyes y constituciones más generosas, cuando desaparece la economía de mercado, no son más que letra muerta"
Ludwing Von Mises

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La legitimidad es una noción a la que se está acudiendo demasiado en la política boliviana. Hasta los ciudadanos la utilizan como justificativo para transgredir las leyes. Si un criminal es descubierto in-fraganti por uno o más ciudadanos, la Constitución le(s) confiere el poder de arrestarlo para llevarlo ante una autoridad competente. Pero si la experiencia nos demuestra que, en general, los criminales salen de la cárcel más fácilmente de lo que entran, y dado que el crimen cometido por este sujeto pudo haber sido atroz ¿cuán legítimo será que hagamos justicia por nuestras manos y lo linchemos?

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El cultivo excedentario de coca es ilegal y el robo de vehículos también pero, cuando la "comunidad" se beneficia de dichas actividades ¿será legítimo emboscar a las fuerzas del orden que trabajan para hacer cumplir las leyes? y más bien, aunque legal ¿se podrá considerar ilegitimo el accionar de las instituciones del orden?

Creemos que si bien escuchar la "voz del pueblo" o la opinión pública, es fundamental, no se debe asumir que las decisiones de la masa son leyes automáticas, puesto que la masa, como cualquier grupo de seres humanos, se puede equivocar ¿Qué haríamos si la masa exige que un gobierno democrático se transforme en totalitarismo?

Inicialmente, puede que crean que es una decisión correcta, hasta pueden pensar que es beneficioso para la sociedad, pero los líderes, como personas con mayor conocimiento y experiencia en los asuntos del Estado, tendrían la obligación de prevenir y proteger a la masa de decisiones que, aunque propias, podrían terminar perjudicando a la misma masa.

Si bien en muchas ocasiones hemos tenido que apelar a salidas políticas (por ser supuestamente legítimas) para evitar desastres mayores, es importante que estemos conscientes de que es negativo optar solamente por salidas políticas. Recordemos además que una de las principales fuentes de legitimidad es precisamente la legalidad.

Si la nueva y primordial fuente de legitimidad es el poder en las calles, estaríamos involucionando a la época en que el más fuerte era quien mandaba. Aunque en este caso estemos hablando de una fuerza colectiva, en los hechos, el Estado, como conjunto de instituciones y normas, estaría quedando en segundo plano frente al(los) movimiento(s) social(es) más fuerte(s). El poder de esas instituciones y normas es extinguido, a la vez por el ejercicio del verdadero poder en las calles y a la vez porque el resultado eficaz de ese nuevo poder hace que la gente no crea mas en el poder del Estado para garantizar la vida en sociedad. Así pues, de no tomar cartas en el asunto y continuar en el actual proceso, podríamos no contar nunca con instituciones estatales serias.

La legitimidad no es, necesariamente, otorgada porque la masa así lo vocifere. Tenemos que entender que la voz del pueblo es fundamental, pero definitivamente no es la voz de Dios. Nadie tiene la voz de Dios, ni individual ni colectivamente, y siendo así, lo mejor es que combinemos las inquietudes del pueblo, con los conocimientos adquiridos en democracia, con los estudios de los profesionales e intelectuales, con la experiencia de los agentes económicos y en fin, un esfuerzo conjunto por entendernos mutuamente y encontrar una salida integral, legal y, consecuentemente, legítima del atolladero en el que estamos.


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